“Decir Adiós es Crecer”. El desapego.

Hace tiempo que dejé de ser de un solo lugar.

Cuando tenía dieciséis años cambié de país por primera vez, de Colombia a Venezuela.

Mis primeros quince años me mudé muchas veces. Con mi mamá no nos quedábamos mucho tiempo en un solo lugar, una vez saqué cuentas y me percaté de que habíamos vivido en cincuenta y tres casas, era una situación constante.

A mis diez años mi madre tuvo que irse a vivir a Venezuela y yo no podía ir con ella. Así fue como terminé viviendo con mi familia adoptiva conformada por una tía que no conocía, su esposo y su hija.  Viví con ellos desde los diez hasta los quince. Después viví un año con mi padre, su esposa y mis dos hermanas. Bogotá es mi infancia, mi pubertad, mis primeros amigos, mis raíces, mi herencia.

Y luego recién cumplí dieciséis me fui para Caracas a encontrarme con mi mamá y mis otros dos hermanos. La inestabilidad fue un habitué de mi infancia y de mi adolescencia. Cuando cumplí diecisiete y cansada de ir y venir, me mudé sola, a una habitación alquilada en Caracas, así empecé a estudiar y trabajar al tiempo, me pagaba mi habitación y me preparaba académicamente. Por eso mi vida laboral comenzó a temprana edad. En Caracas mientras estudiaba en la Universidad Central de Venezuela, me mudé treinta y siete veces, viví en diversas residencias estudiantiles y habitaciones de casas. Conocí Caracas de arriba a abajo a punta de mudarme, el lugar donde pasé más tiempo fue en la última casa donde viví en La Castellana, en la casa de Thais la madre de Fefa una amiga de la universidad. En Caracas viví casi catorce años, hice mi carrera universitaria, hice los mejores amigos que tengo en la vida, me desarrollé profesionalmente, Venezuela es mi esencia, mi sabor, mi alma.

63373_488775376912_6403077_nYo soy colombo venezolana, digo. Y solo quienes me conocen bien lo entienden. El venezolano recién conocido me mira extraño, el colombiano que no me conoce también, el argentino suele sonreírse sin entender mucho. A veces temo hablar con propiedad sobre Venezuela porque en teoría no tengo los derechos, y a veces hablando como colombiana me siento un poco ajena porque no viví la historia de mi país natal por años que resultan importantes en el desarrollo de un ser humano y de su identidad.

Me fui de Caracas en el 2010 por varias razones, estaba buscando un cambio, el dinero no me alcanzaba, habían secuestrado y herido a varios de mis amigos en los últimos meses, la delincuencia estaba en alza y la situación económica, social y política no era sencilla. Me ofrecieron un empleo en Colombia y lo acepté. La propuesta llegó a mediados de Enero y a finales de Febrero ya estaba mudada.

Estuve de despedida en despedida el último mes que viví en Caracas, abracé cada momento de una manera muy intensa, disfruté cada momento agradecida por tanto. En ese momento mis bienes materiales eran pocos, lo que mas tenía era libros, el 95% de ellos se quedaron y conmigo viajaron unos pocos. Estuve viviendo casi un año en Bogotá y en Diciembre del 2010 emprendí un viaje, que en teoría, duraría quince días y se convirtió en un viaje de mochilera por Latinoamérica de varios meses.

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Una serie de acontecimientos, que relaté en Economía Colaborativa: Sinónimo de Confianza, me hicieron un revés en la vida, todo lo que tenía de valor económico: computadora, Ipod, cámara y dinero me lo robaron y tuve que quedarme en La Paz una temporada resolviendo mi situación. No terminaba de llegar un dinero así que con doscientos dólares que me prestaron, pude comprar un pasaje en autobús de La Paz a Buenos Aires, recuerdo que costó ciento ochenta dólares, gasté diez en la comida y así fue como, hace cinco años, llegué a Buenos Aires, a la Plaza Miserere en Once a las tres de la madrugada con los diez dólares que me quedaban y una mochila con ropa desgastada.

Pasaron cinco años, cinco increíbles años. El primer año en esta ciudad fue muy rudo, mi aterrizaje no fue sencillo, no tenía dinero, literalmente no tenía casi nada, tuve que empezar de cero, el significado de la palabra humildad transmutó, en una oportunidad pasé tres días sin llevarme un pancito a la boca, trabajé de camarera en un bar donde baldeando el piso los zapatos que llevaba se terminaron de hacer mierda y tuve que limpiarlo descalza, tuve que limpiar baños asquerosamente sucios donde hasta preservativos habían, también canté cumbias colombianas en el tren de Retiro a San Isidro a cambio de unas cuantas monedas, vendí pastelitos y cupcakes en los bosques de Palermo.

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Cuando por fin conseguí un empleo en una agencia de publicidad como redactora, trabajaba largas horas y ganaba muy poco, fue el primer invierno de mi vida, lo recibí sin guantes ni abrigo, me tomaba el tren a las cinco de la mañana, bajo cero grados, desde Adrogué para lograr llegar a las ocho de la mañana a Nuñez, en aquella oficina todo el mundo me preguntaba si no tenía frío y yo argumentaba que el Caribe me acompañaba para no contarles que era que no tenía plata para un buen abrigo, de ahí cuando salía me tardaba en regresar a mi casa por lo menos tres horas.

Luego me mudé a una zona más céntrica en una casa donde vivíamos varios y todo era un caos, luego Will un amigo se fue tres meses de viaje a Caracas y yo me quedé en su cuarto, él compartía el departamento con otro venezolano, ahí conocí a Lili, la dueña del edificio, que junto a su familia me brindó mucho apoyo mientras10403302_642423222570106_2631040654825468826_n atravesaba una depresión muy fuerte, así viví tres años en aquel departamentito de San Cristóbal, donde conocería a Hitomi y Mica mis vecinas-familia, a Laura que me enseñaría a andar en bici por la ciudad y quien junto a Beto, su novio, me harían adoptar al ser vivo que más adoro en el planeta: Caribe, mi gato negro. Y donde al lado de la primera mejor amiga que tuve aquí, Julieta, nacería mi emprendimiento LACICLA.

Todos mis cimientos se movieron en esa casa, me reconstruí, en ese lugar hubo una demolición interna y me levanté con el alma dispuesta a seguir aprendiendo, a crecer, a aferrarme a la vida, y a entender que el amor más fundamental es el que uno tiene que tener por uno mismo. Estudié en la UADE, estudié en la UBA, reinventé mi carrera profesional, y escribí gran parte de ULISAS, mi primera novela.

Hace un año todo se confabuló a favor para que Caribe y yo nos mudáramos a un hermosísimo departamento en el barrio de San Telmo, Caribe descubrió la libertad de correr por los tejados de las casas coloniales; vivimos en el eje principal donde años atrás se asentaron los pobladores en lo que era la calle Real que hoy se llama Defensa, este departamento ha marcado otra etapa en mi vida, que todavía no puedo describir, sólo sé que ha sido hermoso, tiene su magia vihte? En estos cinco años viajé a Brasil, a Uruguay y a Colombia de vacaciones y aún cuando podía cambiar de opinión elegí esta ciudad para seguir desarrollándome como ser humano, como empresaria, como mujer. Amo esta ciudad, cada día de mi vida descubro algo en su arquitectura que me genera fascinación, quiero fotografiar cada parte que compone este tejido urbano donde cohabitan diversos estilos que siguen maravillándome en cada paso que doy. No me canso de mirarla.

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Hace unos meses, en febrero, en el cumpleaños de una de mis grandes amigas, heredadas de la etapa donde hacía cine en Venezuela, me ocurrió un clic interno. Marisa mi amiga es una destacada actriz venezolana, hija de padres argentinos, ha estado trabajando entre New York y Buenos Aires, y estos últimos meses se ha instalado un poco mas aquí, el día de su cumpleaños, mientras lo celebrábamos con toda su familia, me sentí triste, me dio melancolía, y fue el inicio de empezar a desear estar más cerca de mi familia, de mi abuela, de mi padre, de mis tíos, de mi familia adoptiva, y ver de qué manera puedo lograr que mi mamá y mis hermanos puedan salir de Caracas.

El 28 de Junio tomé la decisión, es tiempo de mudarme, de encontrarme con mi país de origen, descubrirlo mas a fondo como lo he hecho con Argentina y Venezuela, la expresión que más escuché últimamente es … Pero si tenés un buen empleo por qué te vas? Y bueno, tengo ganas de moverme, de cambiar de ambiente, de encontrarme con mi cultura, de poder organizar nuevas cosas, de salir de mi zona de confort, de probar nuevos desafíos, que dentro de todo están en un terreno claro, conocido y donde tengo una estructura avanzada.

Mi idea es crear un puente laboral entre los dos países, afortunadamente mi profesión se puede ejercer a nivel remoto y voy a conservar algunos de mis clientes de aquí, y seguramente ganaré nuevos allá. Voy a estar yendo y viniendo solo que mi centro de operaciones será en Colombia, mi tierra natal.

Ya compré el pasaje, también el de Caribe que puede viajar en cabina conmigo, hace unos días decidí no postergar mas el momento más difícil, empezar a organizar la mudanza, qué me llevo, qué regalo, qué voy a vender, y entonces me hice consciente de todo lo que uno puede crear en cinco años, llegué sin nada y me voy con tanto, estoy profundamente agradecida con esta patria que me abrió el alma, me dio grandes lecciones y me enseñó tanto sobre mi persona, mis capacidades.

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Sembré y he sembrado bonito, aprendí y tuve que cortar maleza, sacar raíces que no nutrían mi porvenir. Mientras mas organizo las cosas, mas entiendo lo poco que uno, realmente, necesita para ser feliz, cuantos objetos nos acompañan y cuantos en verdad necesitamos, ayer mientras limpiaba pensaba en el por qué de tantos zapatos, en el por qué de guardar cosas que “uno nunca sabe”, cómo es posible que llegué con una mochila y estoy desarmando una casa entera, también me llenaba de orgullo ver como cada una de estas “cosas” las fui haciendo yo misma, con esfuerzo, con dedicación y sobretodo con honestidad.

Cuando llega ese momento en el que debo desapegarme de las cosas siempre es difícil al principio, pero luego es una fiesta, mi meta es llevarme lo que realmente me es útil, todo lo demás lo suelto, lo entrego, que fluya con la abundancia que siempre me acompaña y que siempre recuerde que quiero SER más, en vez de tener más, ser más feliz, ser más agradecida, ser más bendecida.

Yo represento mis patrias, soy latinoamericana, mis actos hablan de los tres países donde me he construido, me siento orgullosa de bailar una chacarera, un joropo o un bambuco con el mismo amor, de saber preparar un pabellón, un ajiaco o un asado, cantar a todo pulmón una de divididos, de sentimiento muerto o aterciopelados y sentirme tremendamente viva a través de ellas.

Soy feliz por que mi acento es fusión con palabras de diversas tierras, agradezco todos los paisajes que me han sido brindados y todas las tierras que me cobijaron.

Para cerrar y recordar por qué esta ciudad es tan mágica, les dejo este grandioso video de una de las marcas (Air New Zealand) con las que más he disfrutado trabajar mientras vivo en Buenos Aires.

 

 

Lanzamos 4 Cursos Online

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NOS VAMOS A ÁFRICA!

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El 2018 es un año maravilloso.
Parece perfecto, pero recuerden que la vida de las personas no es lo que vemos en sus redes sociales.
No conocemos a alguien por ver su Instagram.
Cada uno de nosotros habita sus propias batallas. Y en el detrás de cámaras lograr lo que nos proponemos no es tán fácil como se ve en un par de Stories.
Es alucinante observar la evolución de uno mismo, y de nuestros sueños.
Cómo vamos madurando, evolucionando y desarrollando nuestra verdadera riqueza.
Cuando era niña, trepaba a los árboles, me subía a los columpios, me lanzaba en el tobogán. Hoy me trepo en aviones, me subo en mis sueños y me lanzo a nuevos paisajes.
Cubierta de barro y con morados en mis rodillas, a la vez que ayudaba a mi madre con mis hermanos, vivíamos capítulos difíciles económicos y emocionales.
Desde chiquita descubrí que el mundo podía ser duro y cruel.
Nunca he sido una persona que puede construir muros en su corazón.
No sé protegerme de mis emociones y cuando mi río fluye no puedo detenerlo.
He aprendido por supuesto a ser más precavida, pero mi naturaleza es impulsiva, confiada y hasta ingenua.
Quizás soy una persona que ama estar aprendiendo lecciones. Lo que sé, es que cada vez que entrego mi corazón y no recibe lo que busca, continúo mi viaje lo más suavemente adaptándome a mi próxima excursión.
Me aprobaron la visa de Marruecos!
Nos vamos a África!
Al Sahara, allí, donde El Principito pidió que le dibujen un cordero.
——
2018 is a wonderful year.
It seems perfect, but remember that people’s lives aren’t what we see on IG.
Each one of us inhabits his own battles. It is fun to observe the evolution of oneself, and of our dreams. How we are maturing, evolving and developing what is our true wealth. When I was a child, I climbed trees, the swings. Today I climb on airplanes, I climb in my dreams and I launch into new landscapes. Deck of mud and purple on my knees, while helping my mother. Since I was a little girl I discovered that the world could be hard and cruel. I have never been a person who can build walls in his heart.
I have my Moroccan visa!
We’re going to Africa!
To the Sahara, there, where The Little Prince asked to be drawn a lamb.

LA FORCE

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Antes de emprender el viaje, elegí una carta de los arcanos mayores o más bien ella me eligió a mi: LA FORCE.

La fuerza es un personaje femenino que con el poder de la dulzura y la sutileza doma al león devorador, a la fiera. Para mí LA FORCE representa la posibilidad de estar en armonía con tu intuición, no tener miedo de tu leona interna, amigarte con ese poder instintivo. Soy una persona impulsiva, expresiva y emocional. Todo ello no es bueno ni malo, simplemente es.

Este viaje ha sido tanto maravilloso como tanto aprendizaje y desafíos.
No ha sido sencillo, se los digo con el corazón apretujao.
Tengo un par de metas que me propongo cumplir.
Y si algo voy entendiendo en cada paso, es que no tiene sentido sofocar la energía animal que hay en nosotros, cuando se puede sublimar a través de lo que cada uno tiene a su alcance, en mi caso la escritura, las personas que me acompañan aún en la distancia en mis aventuras, mi equipo de trabajo.
Todo ello es alquimia que purifica. Cuando nos hacemos cargo de nuestra bestia interna, lo que puede ser destructivo es un instrumento de evolución. El coraje y la fuerza interior vencen el caos, y cuando enraizamos en nosotros mismos podemos estar en el aquí y ahora. Si nos amigamos con la oscuridad, se abre el infinito.

Si nuestra voluntad está bien construida, podemos sentirnos agobiados sin embargo encontraremos la energía necesaria para avanzar, luchando metódicamente contra los obstáculos, y con toda nuestra vitalidad. No tendremos miedo de sostener nuestras razones.♥️

Me siento segura de mí misma, soy dueña de mis cualidades y defectos. No los reprimo, los transformo. Soy conciente del magnetismo de lo que irradio, de la capacidad de imponerme, de la inteligencia capaz de dominar los acontecimientos y de intuir en los demás, y mientras más crece @caroclack más responsable me siento.💫

Hoy me tiro un besito en el espejo, por discernir, por la generosidad y franqueza. Por no renunciar ante el desafío, llevar adelante mis proyectos con sinceridad y convicción. Y por la buena fortuna de que me acompañen.🌎🙏

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De San Francisco a Nueva York.

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Alguna vez te sentiste pequeñito?
A todos nos pasa.
Que nadie te mienta.
El falso positivismo fuera.
Siempre hay momentos donde uno puede sentir que todo es más grande…no tengamos miedo de eso, es normal, es natural, es HUMANO.
Eso sí, si sientes que las cosas te superan, grita, baila, corre, pide ayuda, habla, exprésate, apóyate en tu familia, en tus amigos, en tus compañeros, en tu comunidad y acuérdate que sí, que somos partículas y cada día decidimos en que invertir nuestra energía, solo nosotros podemos decidir qué actitud nos acompañará.

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Contemplar.
Siéntate un rato.
Mira la gente pasar.
Que el sol caiga.
Que te tiriten los dientes del viento.
Que los dedos de las manos se te hielen.
Que tus mejillas se pongan rojas.
Que tus ojitos se estremezcan.
Contempla.
La ciudad, el río, el puente, la humanidad.
El ritmo de la vida frente a ti.
Sonríe, estás ahí.
Contempla en tiempo presente.
Ama en futuro constante.
Perdona en pasado absoluto.
Vive.

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Nunca dejes de jugar.
No dejes de mirar la vida como un niño.
Corre, gira, abrázate a la vida.
Emociónate.
Llénate de colores, que nada combine.
Se imaginan si saliéramos vestidos a la vida como niños? Las calles estarían llenas de orejitas de animales, de gente vestida de superhéroes, de puntos, rayas, y entonces seríamos más libres, más felices, juguemos que la vida es más bonita si nos divertimos.

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Llueve en San Francisco.
Todo es tan hermoso.
Alguien cruza la calle con su paraguas.
Amor amarillo.
Yo miro desde la ventana mientras avanzo en mis labores.
Que llueva o que escampe, no importa mientras uno siga respirando belleza.

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Ellas, la resiliencia.

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Me despedí el jueves de San Francisco con la promesa de volver. Tomé la decisión de irme en autobús, pensé que si ya he viajado en buses por Latinoamérica por largos trechos, no podía ser peor. El primer tramo desde San Francisco a Los Ángeles fue bastante positivo, a mi lado viajaba un japonés, un par de personajes bizarros iban en el mismo bus, un chico que parecía Will Smith en El Príncipe del Rap, una Mallory Knox en estado de alta quemazón y un Kurt Cobain un poco menos guapo.

Esas primeras horas me hicieron recordar porque me gusta viajar por tierra, me gusta porque descubro más del lugar, me gusta porque me encuentro con gente que es mochilera, o más sencilla y humilde, me gusta porque tengo oportunidad de ver otra cara del viaje, sin embargo jamás me imaginé que la historia cambiaría de color cual Adaptation con Nicolas Cage.

Todo empezó a cambiar cuando llegamos a LA, el target del bus se inclinó hacia un lado muy distinto. A mi lado se sentó una mujer con un bebé. Al pasar las horas y ante el primer retén que tuvimos que pasar me di cuenta que tenía un grillete en el pie derecho y que se asustó cuando vio subir a los policías. Le pregunté si estaba bien, me comentó que había cruzado de manera ilegal, y ahí comenzó otra cara de la historia.

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Inmediatamente recordé aquel viaje que mi madre y yo hicimos cuando yo tenía 12, ella ya vivía en Caracas y me había ido a buscar para que pasara vacaciones con ella en Caracas, nos fuimos en bus hasta Cúcuta, y ahí me dijo, apréndete esta cédula es Charlotte la hija de una amiga, te vas a hacer pasar por ella. Yo obvio, no entendía nada. Mi madre no me había hecho la visa para poder cruzar hasta Caracas así que mi entrada era de manera ilegal.

Empezamos a conversar y fui conociendo su nombre, más sobre su país y la cantidad de días que llevaba viajando sola con su hijo de apenas 10 meses de edad. Hasta ahí todo iba bien. En Phoenix nos bajaron del autobús en la terminal, una terminal nada bonita, donde no había información, ni grandes beneficios. Allí estuvimos un par de horas,  para ese momento ya llevaba unas 24 horas viajando, estuvimos esperando el próximo transporte, que nos llevaría, después de muchas paradas, a Dallas. En el autobús viajaban varias familias de inmigrantes latinos, una buena dosis de fumadores americanos y yo.

Cada vez que el conductor explicaba algo yo traducía el mensaje.  Al llegar a Dallas tuvimos que pedir el cambio del boleto, ya era Sábado al mediodía.  Ayude a todos para explicarles lo que teníamos que hacer. Como la mayoría teníamos la misma ruta, me pidieron que encabezara la tarea. Al llegar al mostrador y pedir el cambio me dice la mujer en una actitud poco amigable, que mi próximo autobús saldrá el Domingo a las 8:00 de la noche.

WTF! Quería decir que tenía que esperar 30 horas para tomar mi próximo viaje y aún sin los retrasos me faltaban más de 20 horas mínimo para llegar, traté de hablarle a la mujer, insistir en que nos debían una disculpa y una solución, mientras más le hablaba más se enojaba. Ya vete me dijo, no hay nada que hacer. Mientras tanto todos los que esperaban una respuesta de mi parte, empezaban a entender que algo no muy bueno estaba pasando. Les dije: dicen que salimos mañana a en la noche, nada de eso, les dije nos vamos a quejar y que nos traigan el bus somos más de 20 personas.

Así fue como la Carolina que algunos de ustedes han visto en acción sacó su fiera interna y comenzó a reclamar, negándose a salir del mostrador hasta que no nos dieran una mejor solución. Carolina se enoja, la mujer grita, viene otra mujer y también me grita, no entiendo bien todo lo que dicen, les digo que es su error que deben solucionarlo, me dicen que eso no es su trabajo, que nosotros perdimos el bus, le respondo que no es nuestra culpa, nosotros llegamos a tiempo, el bus se tardó, es la empresa quien tiene que responder. Se van y dejan el mostrador solo.  Empiezo a vociferar con la esperanza de que alguien se una : WE NEED A BUS! WE NEED A BUS!

La mujer vuelve a aparecer y me grita que va a llamar la policía y yo le digo, dale llámala. No estoy sacada, pero si firme. La policía llega, me  interroga, me tratan mal, me dicen que estoy armando un disturbio, le explico a la mujer policía que tampoco me escucha, solo sigue diciéndome que tengo que aguantarme hasta mañana, un hombre americano llamado Joel, se mete en la conversación y les dice que fui yo quien fui tratada de manera ruda, que las mujeres del mostrador me trataron muy mal, y en su buen inglés les explica, acto seguido los dos policías hombres se ponen de mi bando y la policía mujer me mira de reojo, como enojada de que alguien me defienda. Es horrible.

Finalmente nos dan un pasaje para esa misma noche, pero la pesadilla no termina ahí, son muchas las paradas donde nos bajan del autobús y nos dejan horas esperando, sin ningún tipo de cortesía, explicación, tampoco hay internet, ni acceso a baños limpios, es una pesadilla.

De pronto me doy cuenta que tengo una fila de seguidores, que a donde me muevo vienen detrás, sobre todo tres mujeres, Yolima, Anabelle y Marisol, madres solteras, de 31, 21 y 16 respectivamente, cada una con sus hijos, Sakura de 5, Anderson de 10 meses y Guadalupe de 2. Las tres madres solteras abandonadas por sus maridos, una de ellas violada por su padrastro, tuvieron que irse de sus países Honduras, Guatemala, El Salvador, porque las extorsionaban, no tenían oportunidad de empleo, y deseaban encontrar un mejor futuro para sus hijos.

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Cada una de ellas cruzó la frontera de una manera diferente, por el río, por Juárez, caminando, dos de ellas pasaron por La Cárcel (así le llaman a un lugar donde ponen a los que quieren cruzar la frontera) y por el albergue, una de ellas, la que más pagó, USD9.000 la dejaron para cruzar un puente y llegar a entregarse a migraciones, las tres tuvieron que pagar grandes sumas a un Coyote y tienen suerte de haber cruzado con sus hijos, no llevan más que, cada una, su mochila pequeña con las cosas básicas para sus hijos, la ropa que llevan puesta y nada de dinero en sus bolsillos, solo están rogando llegar a su ciudad destino donde un familiar las espera, mientras más nos tardamos se les termina la leche, los pañales, la comida. Las tres historias son prácticamente iguales.

Estoy sacudida hasta el tuétano, las veo llorar muy poco, las veo sonreír muchísimo, las veo abrazar a sus hijos, y veo como sus hijos las miran a ellas, idolatrándolas, los tres niños son tranquilos, ninguno se queja, no lloran demasiado, no hay malcriadez.

Llegamos a Phoenix y nos dejan esperando 8 horas más, estamos agotados, yo abro mis maletas, saco jabón, limpiador facial, desodorante, comparto todo con todas, nos lavamos los rostros, hacemos un mini spa, nos reímos, me cuentan más de sus historias, yo hago lo posible para no sentarme a llorar en frente de ellas, solo atino a decirles que las admiro, que son fuertes, que son vulnerables sí, pero fuertes, que sus hijos van a estar orgullosos. Que están haciendo lo mejor que pueden y no me refiero al “sueño americano” me refiero a esa resiliencia, que las ha llevado a moverse de un lugar donde no estaban bien, y sin importar cuánto hay que luchar están dispuestas a darlo todo por un mejor panorama, ese es el verdadero sueño que están haciendo realidad.

Hacemos un team, nos ayudamos, compro el desayuno para todos, compartimos como una gran familia, y es que de eso se trata la vida, de ser cómplices con quién esté a tu lado, de darse una mano, de abrigarse mutuamente, de aligerar la carga.

Este viaje es todo lo que está bien y todo lo que está mal, por un lado ellas dándome esa tremenda lección de vida del empoderamiento, de la fuerza interna, de la dulzura, de la calma, de la paciencia y por el otro toda la gente del servicio de buses que nos trata como basura, nos gritan, nos insultan, no nos dan respuestas y hasta nos amenazan en que si seguimos preguntando no nos van a dejar subir a los buses.

Finalmente después de 90 horas de viaje, llegamos a destino, al menos nosotras 4, nos despedimos, sus familias llegan, solo Marisol se queda esperando a su tía que viene desde Nebraska a buscarla a ella y a Guadalupe, ahí se queda, sentadita en esta estación de buses que más parece un lugar para drogadictos y delincuentes que una terminal de buses. Le entrego los últimos 20 dólares que me quedan en efectivo. Nos abrazamos.

Abro la puerta y está Madeleine en su auto esperando por mí, tierra pienso, tierra.

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