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Dream Come True: Yoko Ono.

Dream Come True: Yoko Ono.

Para mí Yoko Ono nunca fue importante, siempre lo fue Lennon, ella no. Hasta hoy.

Hace unos meses una de mis correctoras de Ulisas me comentó que había una convocatoria para participar en la (en ese momento) futura exposición retrospectiva en Argentina de Yoko Ono. The Beatles es mi banda favorita, y la figura de John es la que más me atrae desde jovencita. No quiero, ni puedo explicar mi fascinación por la banda, tampoco voy a decir que conozco de memoria sus discos y su historia, no, simplemente es cuestión de feeling, me gustan, mi canción preferida es Here Comes The Sun (tururúru). Y de Yoko Ono, la verdad es que siempre (inconscientemente) la anulé. No la tomaba en cuenta, no me causaba curiosidad, nunca investigué nada sobre ella. Siempre pensé que era la compañera del Beatle que más me agrada, lo que nunca pude ver es que quizás la etapa de Lennon que más me gusta puede ser en la que estuvo con ella.

Hoy trabajé de manera remota, es una de las ventajas que tiene dedicarse al ámbito digital, necesitas tu compu, internet y estar comunicado y pendiente de los emails. Mi plan fue aprovechar mi horario de almuerzo para ver la muestra de Yoko Ono.

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Mientras trabajaba me tomé una limonada con jengibre en el café del MALBA, esperé la una de la tarde, dejé todo en orden y me dispuse para la expo. El valor de la entrada fue de $50 pesos argentinos, algo así como USD$3, dejé mi mochila y mi abrigo en el guardarropas y me sentí libre y cómoda, solo el celular necesitaba.

Si no has ido a ver la muestra y estás en Buenos Aires, por favor no sigas leyendo, ve!.

Uno empieza a ascender esas escaleras eléctricas del MALBA, en esa estructura minimalista que se abre ante tu mirada. Y en el último piso te encuentras con ese gran anuncio de la exposición. Hasta ese momento me imaginaba que estaba a punto de ver algo que seguramente podía ser un poco bizarro y donde fijo habrían desnudos.

Lo confieso, no esperaba conectarme con Yoko Ono como me sucedió. Quizás, aunque suene muy bobo de mi parte, la subestimé. El primer elemento que me despertó curiosidad, fueron las escaleras al Sí. Duré unos minutos sin encontrarlo, miré a la chica que “cuida las escaleras” y me dijo ahí está, de pana estaba a punto de rendirme, cuando sin la lupa lo encontré y pensé en lo ansiosa e impaciente que puedo llegar a ser, ahí estaba, sólo hay que observar.

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Primera lección: tomarme el tiempo para disfrutar, buscar con calma y confiar en que si el sí existe, va a estar.

Ya ahí, mi velo se desvaneció, y me libré del prejuicio (que ni siquiera sabía que tenía) y me entregué. Cada una de las frases que hace parte de la exhibición, resultaba contundente en un lenguaje bastante sencillo. Toda la obra es lúdica, para mí resultó ser una invitación a desconectarme del exterior, y a sumergirme en toda su atmósfera, de pronto me descubrí a mi misma, feliz de haber ido sola (iba a ir con una amiga que se enfermó), y tener la oportunidad de sentirme parte de ese espacio, estaba sentada en el piso con las manos llenas de tiza, pude tomarme todo el tiempo que quise en cada una de las estaciones de Yoko Ono, respirando cada pieza de ese hermoso rompecabezas.

De pronto te encuentras con un mapamundi, fragmentado, inmenso y una serie de sellos que dicen IMAGINA LA PAZ disponibles para que puedas intervenir el mundo y sellar la paz en el país que eliges. Bueno, yo deseo que cada uno de los seres humanos que habitamos el mundo esté lleno de paz, serenidad, pero hubo un país que aún no tenía el sello en el que hice foco principal. Y entonces en ese momento de la expo, ya se me aguó el guarapo, y la japonesa empezaba a hacerme enamorar de ella, de su manera dinámica, dulce y a la vez profunda de guiarte por toda una experiencia.

Yoko Ono te hace parte de su muestra, es un espacio inclusivo donde a través de diferentes expresiones artísticas vas paseando por distintos ejercicios donde uno interactúa con la obra.

Uno de los fragmentos de su obra es el árbol de los deseos. Yo pedí dos, uno secreto y otro que todos sabemos, y los colgué, me fijé en los deseos de las personas y me pareció muy dulce ver que amor, felicidad y paz son palabras protagonistas en las ramas de los arboles cargados de anhelos, que espero se puedan cumplir.

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Cuando terminé el recorrido, caminé un par de cuadras, emocionada, movilizada, y es que sí, uno de verdad con el corazón entero desea que todos los seres de este mundo seamos felices, que nos rindamos a la paz.

Y lo imaginé a él, enamorado profundamente, de una mujer que alza su voz poética, dulce, lúdica y auténticamente, y la imaginé a ella, atravesando sus propios miedos, dolores, sus logros, siendo ese ser femenino que a partir de hoy se convierte, personalmente, en la imagen de una mujer admirable.

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Catadora de emociones | Escritora Estratega Digital en @LACICLA