El Hombre Gato

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El otro día – bueno- el 9 de Julio, día de la Independencia de Argentina, mientras miraba la TV – porque el departamento temporario donde estoy viviendo tiene televisión, cosa que hace muchos años-nunca he usado – veía un recital de Mercedes Sosa, de esos en los que se me eriza la piel porque su voz me puede; cuando terminó, pasé un par de canales y una imagen poco comercial me capturó. Se trataba de un programa en un canal que se llama Encuentro, un programa donde un hombre hablaba, ese hombre me recordaba a mis profesores de literatura, algo en él me hizo pensar en Vicente Lecuna, en Igor Barreto, en Castillo Zapata, hasta quizás en Lopez- Sanz, no era su imagen física, (que correspondía más a un hombre con características al estilo de Vicentico) era su voz. no su acento. era su manera de hablar, su pausa, sus puntos y comas en la voz, segundos después entendí que se trataba de un escritor, el nombre no aparecía, no había insert, título, subtítulo, nada. Hablaba de Villa Celina, de un Hombre Gato, y un par de referencias desconocidas para mí, empecé a Googlear, hasta que di con su nombre. Al programa le quedaban pocos minutos; su tono, su manera calma, casi solemne y a la vez sencilla de hablar despertaron mi curiosidad. El Hombre Gato pensé, que buen título pensé, quiero leerlo pensé.

Busqué el libro/cuento/texto no sabía si me encontraría con una novela, un corto, un quien sabe qué, porque en el poco tiempo que alcance a mirar no entendí todo el contexto del programa.  Juan Diego Incardona me lanzó Google, el Hombre Gato Crónica TV y no quise ver, porque Crónica, que es un canal BASTANTE amarillista del país suele causarme pánico, era domingo, tarde en la noche, sola en casa, mejor evitar. No encontré mayor información y no me atreví a indagar Crónica. Entonces opté por una opción sencilla, la red de Zuckerberg, tal vez si corría con suerte Incardona estaría ahí, una Fan Page, un grupo, un perfil de amigos, qué se yo… alguna pista. Y… lo encontré con una Cuenta Llena y un par de conocidos en común, que milagro esto de los siete grados de separación cuando se convierte en cuatro, tres, dos, uno o cero.

Le escribí, sin esperar respuesta, le escribí buscando al Hombre Gato, creo que pensó que buscaba al hombre gato y me deseó suerte en encontrarlo, aunque luego dudé y pensé que tal vez se trataba de un poco de humor de ese argento que no termino de entender siempre, pero muy frontal, como suelo ser, le expliqué que buscaba el texto sin fortuna. No le pedí que me lo pasara, no tácitamente. Me respondió con su texto en word. Entonces entendí la maravilla de ser escritor de esos cercanos, ese escritor que probablemente te va a leer, ese escritor que no es un blanco de esos que no responderán sumidos en la soberbia de su “fama”, ese escritor que tendrá ese sublime aliento de acercar su obra con tranquilidad y sin recelo, yo diría, que casi con ternura de que ese hijo siga saltando techos para seguir cruzando a otros lugares.

Porque, en definitiva, así, es la literatura que resiste.

Gracias JDI.

 

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