21 DÍAS PARA EMPEZAR A CORRER

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Hice mi primera carrera.

Mientras avanzaba en el asfalto, me preguntaba ¿qué me había llevado allí? ¿Cómo había hecho para elegir un domingo de fin de semana feriado, estar a las 7:30 de la mañana en un lugar, donde prácticamente no conozco a nadie, dispuesta a correr más que jamás en mi vida? ¿En qué momento cambié la noche de sábado de fiesta, la salida de fin de semana lejos de la ciudad, el quedarme durmiendo hasta tarde? Y entendí que estaba eligiendo diferente.

Hace unos meses una amiga me comentó que hay grupos gratuitos en Buenos Aires que te enseñan a correr. Me dio los datos pero nunca me animé. No era mi momento, supongo.

De joven en el colegio, cuando tenía clases de educación física, una de mis actividades favoritas era correr, con el tiempo eso pasó a segundo lugar y la vida fue dejando de lado el hábito de ese ejercicio.

Cuando arrancó mi nueva etapa emocional de Amar-me necesité implementar nuevas rutinas y actividades en mi vida. La ansiedad que me produce estar lejos de mi ex pareja ha sido la gasolina que impulsa nuevos retos, afortunadamente, me dio por crear hábitos saludables.

El primer día que asistí llegué con mi bicicleta y una camiseta de Los Ramones. Aún era verano, habían aproximadamente 20 personas y los dos entrenadores, quienes te explican y te ayudan a llevar un ritmo en el que el bienestar es lo principal. Ese día corrí con mucha energía, estaba triste, furiosa, y sentía muchísimas ganas de llorar, en vez de eso corrí. En cada paso estaba la esperanza de desgastar el sentimiento de tristeza, llegar a casa agotada para no pensar, para poder dormir. – Ramones, tranquila – me dijo uno de los entrenadores.

Durante el mes de febrero iba una vez por semana, al final del mes ya estaba asistiendo martes y jueves. No pensé que estaría lista para una carrera tan pronto, sin embargo los profesores y los compañeros te motivan a creer y así fue como una semana antes me decidí a participar en La Carrera de Miguel.

La Carrera de Miguel se realiza en homenaje a Miguel Sánchez, un atleta desaparecido durante la última dictadura militar en Argentina. No se trata de una competencia atlética, sino de una forma de manifestarse a favor de la memoria haciendo deporte.

El atletismo es una metáfora de la vida:

Necesitas de una constante voluntad para superarte.
Cuando corres vas solo, contigo mismo.
Hay que entrenar sin sobre-exigirse, entender tus tiempos y tu ritmo.
Entender tu respiración es un elemento fundamental.
Enfocarse en uno mismo y no competir con nadie más te ayudará a llegar a tu propia meta.
Tu meta es única y personal, solo tú sabes qué quieres lograr y cuánto te has superado.
Tenía bastante ansiedad la noche anterior, sentía retumbar el 8K en mi cabeza y pensaba: -wow, ¿cómo voy a aguantar?-. A mí que se me hace difícil despertarme temprano, esa mañana de domingo no me costó, me vestí, amarré mis zapatillas de tal manera que no se desataran, tomé mis auriculares, me hice un licuado de banana y partí al punto de encuentro.

La asistencia fue masiva. Yo no entendía mucho, tenía nervios porque no sabía cómo es, no entendía y me sentía un tanto perdida, y un sinfín de preguntas que surgen en tu cabeza, afortunadamente los profesores te guían y te ayudan, más que eso, te acompañan a descubrir tu propio espíritu.

Caminé buscando un lugar libre para ubicarme en el punto de partida y vi un mar de gente delante de mí, que seguramente también estaban llenos de emociones. En ese momento sentí una mano en mi hombro, Brian un compañero del grupo, un señor mayor y lleno de vitalidad me dijo: -Ánimo, tranquila, corré con vos-. Me dio un abrazo y lo vi pasar hacia adelante mientras se persignaba. El reloj marcó 00:00:00 y el mar de personas avanzó.

Hice 8 kilómetros en 52 minutos. Llegué a casa agotada y dormí toda la tarde, no les puedo contar todo lo que comí. Hoy me duele un poco el cuerpo, pero pensé que iba a estar peor, la verdad es que el entrenamiento es necesario y no sobrepasar tus límites y tener orientación resulta muy positivo.

Creo que jamás sabrás que estás listo para algo, hasta el momento en que el punto de partida, te indique que debes arrancar y te quedan dos alternativas: Te detienes o avanzas como puedas y tratas de dar lo mejor de ti en el camino.

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