Hazte Visible

Me contactaron por twitter. Lo primero que me llamó la atención fue el nombre. Después vi este video y supe que las quería. Aún más que quererlas: las necesitaba.

Así fue como los creadores de este fabuloso emprendimiento y yo, nos pusimos  en la tarea de lograr que mis nuevas luces cruzaran la frontera, desde Santiago de Chile hasta Buenos Aires.

Como muchos ya saben, suelo usar la bicicleta a diario y evito cualquier otro tipo de forma de transporte. Para mí ya no es una elección transportarme en bici. Se me convirtió en una necesidad, en algo natural, casi diría que para mí un día sin andar en bici es un día perdido.

En el último tiempo en la ciudad que habito varios sucesos me pusieron en alerta sobre cómo y de qué manera debo transitar en bici por la ciudad. Hace un mes, dos hechos lamentables hicieron que se generara una movilización importante en el mundo del ciclismo urbano en Buenos Aires. La muerte de dos compañeros nos despertaron, Julián Cáceres fue atropellado mientras circulaba por una bicisenda y falleció días después, Pablo Tonello fue asesinado en horas de la mañana un día de la semana cuando se dirigía a su empleo, recibió múltiples disparos para robarle su bicicleta.

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Fue entonces cuando decidí que era el momento de asumir con mayor responsabilidad el uso de la bicicleta. Lo primero que hice fue asegurar la bicicleta, lo cual me ha hecho sentir más tranquila y serena. Fue un trámite mucho más sencillo de lo que imaginé. Y lo otro, fue tomar conciencia de cómo voy en bici.  Suelo regresar tarde a casa. No me gusta regresar por las bicisendas porque siento que para los amigos de lo ajeno es un lugar común para cometer delitos, entonces prefiero regresar por avenidas o calles que sean más transitadas.

Una de las cosas que implementé hace aproximadamente dos meses fue  el uso del chaleco reflectante y hace más de seis meses tengo una luz delantera que ilumina como una motocicleta, sin embargo el tema de las luces traseras siempre había sido un detalle por mejorar, ya que me han robado múltiples luces porque olvido sacarlas cuando dejo estacionada la bici y muchas otras que he comprado no me han durado más de tres meses, porque se caen o se dañan rápidamente. Hasta que apareció Hazte Visible y me solucionó el problema. Ahora hasta tengo direccionales.

La ciudad sigue educándose, todos los días me cruzo con gente que me hace señas y celebra verme en bici con mi casco, mi chaleco, mis luces, mis guantes y mi vestido y plataformas porque voy en camino a una reunión importante. Yo también los disfruto. Otros días me cruzo con algun automovilista que me pasa muy cerca y va tan encerrado en esa caja de 2 o más puertas que no se percata de que un ciclista va en la vía.

Aún no he recibido comentarios sobre las luces, quizás es una condición cultural porteña, si estuviera en Caracas (la ciudad donde crecí) más de uno me habría gritado ya algo sobre las luces. Aquí en Buenos Aires sólo puedo notar que me miran fijamente la espalda y más de una vez pilotos y copilotos se comentan entre sí, sé que están hablando o de mi trasero (que lo dudo) o de las luces, porque si hay algo que producen es que llaman la atención, cumplen su función, nos hacen visibles, los autos me notan más que antes, y yo me siento más segura. Lo que aún no he logrado y supongo que es un tema que viene atado a la bicicultura es que entiendan que tengo direccionales. Sigo sacando la mano para cruzar, me apoyo en las luces, pero por las dudas saco la manito y me cercioro de cruzar sin peligro.

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Su funcionamiento es bastante sencillo en el manubrio de la bicicleta tienes el control que es de fácil poner y quitar, le da sal botón del medio y si titila seguidamente ya están encendidas tus luces y tiene dos botones que funcionan respectivamente para la izquierda y la derecha, el cinturón se adapta y resulta muy cómodo. También puedes sacar las luces del cinturón y adaptarlas al casco o a otro sistema que creas que funciona mejor en tu caso. Llevo más de un mes utilizando el cinturón que por momentos me hace sentir la mujer maravilla. Luego recuerdo que solo soy una maravilla de mujer (risas internas) y que lo más importante cuando me deslizo por la ciudad es mi seguridad y seguir disfrutando de mis olas de cemento en armonía y paz.

 

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