Amar-Me

3857860658_64a8d74613_b Hace unos meses entré en una relación con una persona que desde el principio estableció que no estaba abierto a generar un compromiso. Al principio me sentía cómoda con la situación y no me generaba ruido, los encuentros empezaron a ser más seguidos y constantes.

La relación, desde mi punto de vista, estaba creciendo y cada día me entregaba más. Me fui ilusionando, y empecé a sentir lo que yo creía llamar “amor”. Aunque él seguía diciéndome que no quería una relación de noviazgo, yo buscaba señales positivas en cualquier mínimo gesto. Fui aferrándome y el hecho de que esa persona se quedara a dormir en casa varias noches seguidas, que me empezara a presentar a sus amigos y que me abrazara dulcemente me hacía sentir que estábamos cada vez más cerca.

Dicen que el amor es ciego, y definitivamente, en este caso lo fue. Yo hacía caso omiso antes sus desplantes, su falta de detalles y la comodidad que le procuraba mi incondicionalidad ante él.

Siempre estaba dispuesta para él, asumiendo sus actos negativos como cosas que “podría cambiar”. Muchas veces me repetí a mí misma que el amor es tolerar, entender, comprender, aprender, y basada en eso, tergiversaba el significado de esas palabras.

Hice listas en las que escribía lo positivo y lo negativo de la relación y siempre inventaba motivos para seguir creyendo. Tuvimos una temporada de “luna de miel” donde todo parecía funcionar a la perfección, yo hacía oídos sordos a los evidentes síntomas de su falta de compromiso, no sólo conmigo, sino con la vida y sus propios proyectos. Seguía pensando que todo podía cambiar.

A veces el precio que pagamos por no estar solos resulta muy alto.

La sociedad nos ha inculcado que tener una pareja nos hace más aceptables, más bendecidos, más adecuados. Ser solteras después de los 30 muchas veces viene acompañado de preguntas y comentarios por familiares y hasta desconocidos como: –  ¿Y por qué estás sola si eres una mujer bonita e inteligente? – – ¿No piensas tener hijos? El reloj biológico no se detiene- – ¿Qué es lo que haces mal para no tener un hombre a tu lado?- Y así, continuamente nos vemos expuestos a una serie de prejuicios que muchas veces solo nos hacen consolidar que algo mal sucede con nosotros/nosotras; que no somos lo suficientemente buenos para estar con alguien, que tal vez estaremos solos toda la vida y así, millones de pensamientos que solo incrementan nuestra baja autoestima.

Luego de una serie de situaciones, terriblemente dolorosas, en las que el maltrato era un lugar común, empecé a pensar por qué estaba en esa situación y a concientizar que no era la primera vez que me encontraba en una relación tóxica, donde la infelicidad era el condimento de todos los días. Angustia, celos, miedo, temor, inseguridad, pérdida de la dignidad, llamadas, mensajes, palabras que solo ahuyentaban el equilibrio y la tranquilidad eran los ingredientes de mis últimas relaciones.

No sé en qué momento me convertí en adicta a las relaciones desastrosas y entre una lectura y otra, conversaciones, investigación y retrospección, me di cuenta que el factor común en esas relaciones era yo.

Es doloroso asumir que no sólo el otro es quien genera las situaciones negativas, sino que uno elige y se expone a ese tipo de relaciones.

El último capítulo de mi última relación fue doloroso, pasó de ser una discusión para ser un episodio en el que la agresividad se hizo presente, y entonces entendí, que definitivamente necesito un cambio.

Lo primero que asumí es que yo tengo mi vida en mis manos y soy yo quien se pone en esos lugares que nunca debí permitir. Ante el primer indicio de “malquerer” uno debe alejarse y seguir su camino. Ante frases y gestos que te indican que esa persona no te quiere, uno debe parar en seco y no permitir que avance más. Mientras más tiempo pasa es más difícil dejar de aferrarse a la idea de que esa relación puede funcionar. Sin embargo, escribirlo es fácil y teorizar sobre ello resulta bastante simple, pero llevarlo a cabo es una tarea que requiere de muchísima fuerza de voluntad, análisis y sobre todo, amor propio.

No voy a decir que en este momento me encuentro bien, no, al contrario, estoy pasando por un duelo, el duelo de una relación que no me hacía bien, pero el duelo más fuerte es el duelo conmigo misma, darme cuenta que dentro de mí habita una yo tóxica, destructiva y que a pesar de tener muchos avances en diferentes planos de mi vida, éste resulta un hábito difícil de cambiar, que mi autoestima es baja y que me da miedo estar sola, he llorado, me he sentido terrible y he tenido muchísimas ganas de recaer en esa situación a la que estoy tan acostumbrada.

Muchas veces nos “hacemos los locos” y disimulamos, excusamos, argumentamos acciones que son muy evidentes vistos desde afuera; cuando uno está dentro del huracán sólo se está moviendo dentro de él y no puede salir a verlo con serenidad.

Dicen que los cambios provienen de la toma de decisión, y mi decisión ahora es seguir trabajando en mi autoestima, alejarme de cualquier cosa parecida a una relación, hasta que no me sienta lista para poder emprender otro camino que no sea el de seguir buscándome a mí misma, encontrar mi amor propio, deslastrar la dependencia emocional y sobretodo alejarme del maltrato.

Muchos de nosotros aprendimos de pequeños que  el amor era ser maltratado, por diversos motivos, porque nuestros padres no tenían otras herramientas y porque nuestros vínculos de la infancia no resultaron sanos. Una de las cosas que estoy empezando a comprender es que uno ya no es ese niño sumido en un rol en el que todo lo  que sucede alrededor está fuera de nuestra comprensión, y que ahora tenemos la oportunidad de generar cambios, de buscar nuestro bienestar, de aprender que –frase trillada y muy cierta– hay que amarse a uno mismo para encontrar el amor, es una verdad a la que, afortunadamente, no debemos escapar.

Pues bien, ahora pondré foco en recuperarme de esta adicción, concentrarme en lo que me genera bienestar, apoyarme en mis afectos positivos, descubrirme en solitario y por sobre todas las cosas emprender ese camino en el que lo que realmente importa, es aprender a respetarme y a quererme.

Mirarme al espejo y repetirme cada día que soy lo más importante de mi vida, que debo generar cambios positivos y que aunque no es una vía fácil, seguramente, después de enfrentar esa batalla conmigo misma, lo único que puedo perder es la costumbre de vivir sin ser feliz.

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