tumblr_static_tumblr_static_2a9pyn67a7pcssccow84ocwwc_640Recorro el timeline de mi Facebook y me encuentro una publicación de NI UNA MENOS y leo el nombre de Linda Loaiza. Me retumba, algo en mi llega a estremecerse, aún no asocio de qué se trata, pero algo en mi alma se moviliza. Leo un par de líneas más y empiezo a recordar, yo tenía 21 años, estudiaba Letras en la Universidad Central de Venezuela, trabajaba en El Nacional, vivía en alguna residencia estudiantil, ya no sé si por Bello Monte, por Florida o quién sabe dónde de Caracas. Los medios de comunicación transmitían una dolorosa noticia, una joven de 18 años había sido rescatada en un terrible estado de un departamento en El Rosal víctima de tres meses de secuestro. Estaba mutilada, quemada y había sido violada.

Recuerdo su imagen en los periódicos, pero no recuerdo si hable con alguien del tema, si pronuncie alguna palabra o siquiera si llegué a entender la gravedad del asunto, no sé pero no recuerdo que mi curiosidad o mi espíritu periodístico me hubiera llevado a indagar, a preguntarme algo a tener conciencia de lo que estaba pasando y en mi caso de lo que estaba bloqueando.

Hoy 15 años después, leo la noticia en la comunidad de Ni Una Menos, la cual vengo siguiendo vehementemente porque cada vez me preocupa más la cantidad de crímenes de las que somos víctimas. Leo y un link me lleva a otro y así me sumerjo en su lamentable historia, empiezo a rehacer la tragedia de Linda Loaiza, empiezo a recordar cómo estaba yo en esa época en Caracas, sigo el rastro de la historia de esa adolescente que desde los 18 años ha tenido que reconstruir su cuerpo, su espíritu, su vida.

lindaloaiza-jpg_1569589242Pienso en la justicia, no sólo en la justicia venezolana, sino en toda, pienso en la verdad, pienso en el poder, pienso en el dinero y cómo mueve jueces, testigos y clases sociales, pienso en Linda, en Martha Stutz, Ana Zerdán, Lucía Pérez, Maria Cash y tantas más, asesinadas, desaparecidas, violentadas. No sólo pienso en ellas sino en las víctimas que las rodean, sus madres, sus padres, sus familiares, todos los inocentes que víctimas del poder del verdadero verdugo hayan tenido que pagar por cosas que no cometieron. Porque parece que el poder puede más que la verdad.

Encuentro un artículo de la Revista Semana “A principios de ese año, una cita a ciegas en un centro comercial la unió con Luis Carrera Almoina, un ganadero de 36 años. Ella estaba recién llegada a Caracas; había dejado atrás Mérida, a sus padres y sus estudios de zootecnia. Quería probar suerte en la capital junto con su hermana y, según cuenta, aquel primer encuentro se dio gracias a un aviso que habría publicado en la prensa ofreciéndose como dama de compañía.” No hay ningún artículo que relate bien cómo ni dónde se conocieron, y de igual manera, creo que eso no tiene importancia, lo que verdaderamente pesa es esa niña que terminó siendo víctima de actos atroces y que aún con todo su sufrimiento ha sabido reconstruir su vida.

Cierro la computadora, abandono el teléfono en la mesa de noche, acaricio a Caribe que duerme una siesta y me voy a la ducha. Fui víctima de agresiones graves en mi infancia, es algo de lo que no hablaré aquí, porque ya está trabajado en análisis y en mi libro Ulisas, es algo que ya no tengo miedo ni vergüenza de contar, algo que ya no tengo que callar. Mientras el agua cae sobre mi cuerpo, miro mi pecho y me deshago en un llanto, un llanto profundo y doloroso, porque imagino la vida de esa niña que a los apenas 18 años no pudo ver sus senos crecer en paz, no pudo ser amada y respetada, porque alguien le arrebató su derecho a elegir, a decir basta, a volver a casa en paz.

Caracas 1998

Estaba por cumplir 18 años, llevaba un año y medio viviendo en Caracas, hacia pocos días había tenido que regresar a vivir con mi mamá, con quien peleaba constantemente, la plata no me alcanzaba para pagar una habitación como venía haciendo, pero no quería vivir con ella, no soportaba estar metida en ese diminuto departamento con ella, su novio y mis hermanos, no quería, no podía. Estaba buscando desesperadamente empleo para poder volver a alquilar una habitación e irme lejos de ahí, no me gustaba tener mi ropa apilada en un cajón, detestaba el desorden, el ruido y el desastre en el que mi madre vivía, no la culpaba, simplemente no era lo que yo quería, mi madre trabajaba de conserje y pasaba todo el día atendiendo los 20 pisos del edificio, limpiando, solventando continuas emergencias, no tenía un momento de descanso, el citófono (intercomunicador) sonaba cada dos segundos desde las 5 de la mañana hasta las 11 de la noche, y hasta más tarde. Todo el día, cientos de personas preguntaban, dónde es la oficina de la Doctora Magaly? Sabe cuál es la oficina de Jorge Drijas? Cuál es el piso del Doctor Michelangeli? Se encuentra en este edificio las oficinas de Arizona? Y así, día tras día, incluyendo los domingos el timbre, el teléfono, mis hermanos, el desorden, los gritos me aturdían.

Si me pregunto cómo llegué a ese lugar, mentiría, no sé si fue viendo el periódico, o si alguien me lo comentó, o si vi un anuncio en la calle, no lo sé. Pero recuerdo perfectamente la secuencia de esos días. Llegué a unas oficinas que quedaban en Chacaito, justo en el cruce de la Avenida Libertador donde empieza el Country Club y termina El Bosque. Era en un cuarto o quinto piso, recuerdo que entré con mi currículo en una carpetica de papel donde cargaba muchas hojas de vida, ese día había dejado currículo por toda la zona de Sabana Grande, Las Mercedes, Chacaito y Chacao, recepcionista, secretaria, mensajera, vendedora, buscaba un empleo. En aquel edificio me hicieron esperar un rato largo. Después pasé a una oficina donde me entrevisto una mujer mayor, y me explico de qué se trataba el empleo, era una casa donde venían jóvenes estudiantes para trabajar como damas de compañía. Me quede perpleja, me pregunto si me interesaba, menciono la exorbitante suma de dinero que podías ganar por una noche, los beneficios, los clientes buena onda, la seguridad, me dijo que yo era bonita, que tendría que vestirme más femeninamente, pero que seguro gustaría. Te irá bien. Yo no supe que decir, me pareció que lo más adecuado no era salir corriendo, ni mostrarme asustada, al contrario, como en casi todas las situaciones en las que debería caer en pánico, a mí me sucede que me vuelvo fría, pragmática, razono en exceso y mantengo la calma, asentía a las preguntas, ella tenía mi hoja de vida en sus manos.

Recuerdo que al salir de su oficina una chica delgada, blanca, de mi edad también estaba saliendo, me miró, la miré. Se adelantó unos pasos, llevaba el cabello corto lo suficiente para que su nuca mostrara un tatuaje en medio del cuello, dos peces en dirección opuesta. Es piscis pensé, como yo. Subimos al ascensor y nuestras miradas se encontraron. Y tú trabajas aquí, pregunté tímidamente. Sí me dijo, y tú? Vine a la entrevista, le respondí. Caminamos unas cuadras juntas, me contó que tenía 19, estudiaba en la Santa María, su familia la ayudaba pero el trabajo era sencillo y ganaba mucho, ya se había comprado un auto, no es nada me dijo, no le des muchas vueltas. Se despidió.

Unos días después mi mamá me dijo te llamo la Señora bla bla bla, que te llama en 15 minutos. Yo sabía quién era la señora bla bla bla. El teléfono sonó, atendí, puedes ir al Hilton hoy a las 8 de la noche? te va a estar esperando fulanito de tal. Sí, claro, le dije. Ponte un vestido bonito y tranquila todo va a estar bien me dijo, cualquier cosa me llamas. Colgué el teléfono. Quién era dijo mi madre, no mamá una de las empresas que dejé el CV para un trabajo como promotora esta noche urgente. No vayas me dijo ella. Es muy tarde. Mi mamá y yo jamás tuvimos un acuerdo con pedir permisos, yo simplemente salía y prácticamente hacía lo que me daba la gana, ella había perdido la batalla muchos meses atrás. Creo que desde esa época se acostumbró a rezar en silencio porque nunca me pasara nada. Entré al baño me di una ducha, salí y la miré, a ella, mi madre ahí cansada, mirándome atenta como nunca antes la vi mirarme, no voy a ir le dije. Me puse la pijama y la mujer nunca volvió a llamar.

tumblr_static_tumblr_static_aemunogrsjcw8o8css0kgccc0_640.jpgDice el artículo que comparte Ni Una Menos “Primer caso sobre violencia de género, registrado en Venezuela, que será conocido por un tribunal internacional de derechos humanos Caracas, 4 de Noviembre de 2016.- La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) juzgará, por primera vez en su historia, la denuncia de una venezolana por un caso de violencia contra las mujeres que incluye violencia sexual, así como la revictimización y discriminación en la investigación llevada a cabo por las autoridades venezolanas. Cuando tenía apenas 18 años de edad, Linda Loaiza fue privada de su libertad el 27 de marzo de 2001 por su agresor. Durante su cautiverio, fue mantenida en condiciones inhumanas, abusada sexualmente, golpeada y amenazada de muerte. Después de tres meses, Linda Loaiza logró escapar. A pesar de que su cuerpo presentaba indicios que había sido torturada, fue re-victimizada a través de un proceso judicial que estuvo plagado de irregularidades y estereotipos de género. En marzo de 2015, en una audiencia ante la CIDH, Linda Loaiza expresó tristeza por haber tenido que apelar a instancias internacionales luego de agotar todos los recursos en el país y no recibir respuestas satisfactorias. A su regreso a Venezuela, señaló que esperaba que su caso fuera enviado a la Corte Interamericana. Linda Loaiza ha sido representada ante organismos internacionales por el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), el Comité de Familiares de las Víctimas de Febrero y Marzo de 1989 (COFAVIC) y en instancias nacionales por el abogado Juan Bernardo Delgado. Quince años después de los hechos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) informó el miércoles 2 de noviembre de 2016 a Linda Loaiza y a sus representantes que se había remitido su caso al Tribunal Interamericano con sede en Costa Rica. “El día de hoy, doy gracias a Dios, mi familia, CEJIL, COFAVIC, y a mi abogado Juan Bernardo Delgado, que mi caso haya llegado a la Corte IDH”, dijo Linda, “Este paso no es sólo importante para mí, es importante para las mujeres venezolanas y latinoamericanas. Yo quiero ser reconocida en la sociedad por las batallas y luchas que he dado a favor de las mujeres y no por los hechos atroces de los cuales fui víctima. Quiero sentar jurisprudencia en casos de violencia de género y garantizar que no haya repetición”. Linda no contó con un acceso a la justicia en condiciones de igualdad y fue víctima de un marco discriminatorio por su condición de mujer que se reflejó en una denegación de justicia en su caso. La decisión que tome la Corte Interamericana podría ser una decisión histórica en materia de violencia contra las mujeres y la discriminación a la que frecuentemente se enfrentan al acceder a la justicia. La misma podría sentar las bases para que Venezuela lleve a cabo cambios estructurales en las leyes, políticas públicas y administración de justicia en cuanto a la prevención y sanción de violencias contra la mujer en Venezuela. Así se saldaría la deuda judicial pendiente en el caso de Linda y en el caso de miles de otras mujeres venezolanas que son  y atacadas cuando intentan alzar su voz.”

tumblr_npdr0m6MIg1qksokuo1_500.jpgMe importa un carajo si Linda era o no dama de compañía, me importa un carajo la ropa que llevaba puesta Natalia, Diana, Camila, Antonella o cualquiera de nosotras. Creo que la decisión que una pueda tomar y errar y terminar en un camino que no era el que pensaba lo único que debería enseñarnos es que si se trató de una decisión desacertada se puede aprender de la equivocación y seguir adelante. Ningún dinero, ninguna fuerza, ninguna relación debe conceder el poder de maltratar a nadie.

Me importa un carajo que me juzgues porque si lo haces sabré que tienes el cerebro pequeño, la mente corta y el corazón helado. Lo que si no me puede importar un carajo es que me llames o la llames puta, así elija acostarme/acostarse con mil hombres, jamás te acolitaré que me nombres/ni la nombres puta, no tienes derecho.

Lo que no me importa un carajo es que la justicia se siga burlando y continuemos viviendo situaciones en las que somos víctimas de la fuerza, del poder, de la ira, de la perversión, de que se realice un acto no consensuado, y sigan diciendo que seguro ella tenía la culpa por ser esto o aquello, por llevar esto o lo otro, por ser así o asá.

Pude ser yo, sí pude ser yo, pero también puedes ser tu, o tu hija, o tu hermana, o tu novia, o tu amiga, o pudo ser tu madre y haberse quedado callada, puede ser cualquiera de nosotras. Vivas nos queremos. Sanas nos queremos. Libres nos queremos. Justicia también queremos.

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