Lo que tiene que ser será.

“Life is not merely a series of meaningless accidents or coincidences, but rather it is a tapestry of acts that culminate in an exquisite, sublime plan. ” ~ Serendipity.

Salgo de una reunión en las oficinas de Google en Buenos Aires, en Puerto Madero. Después de cruzar un par de palabras y risas, me despido de Agus, Gonza y Emi, las personas que forman el equipo de uno de mis clientes de la consultora donde trabajo. Doy un par de pasos y veo cómo la Avenida Corrientes termina justo en esa calle, el Obelisco y el Luna Park hacen parte del paisaje. Tomo una foto. Ya he tomado esa misma foto varias veces, pero no importa siempre hay algo que cambia.

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Camino por en frente del ITBA y pienso en mis días como profesora en las aulas de ese lugar. Miro el semáforo, esa avenida la tomo con precaución es por donde pasan los camiones que viene desde Retiro. El semáforo peatonal marca que me quedan 7 segundos para cruzar, decido esperar, no tengo ganas de correr.

Segundo 7: Decido esperar.

Segundo 6: Miro a la derecha y un hombre alto, que evidentemente viene haciendo ejercicio, pasa por mi lado corriendo mientras entrena.

Segundo 5: ¡Es Mike! Grito con casi todas mis fuerzas: Miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiike!!!!!!

Segundo 4: Lleva auriculares. Corre rapidísimo.

Segundo 3: Mi corazón late, no puedo cruzar la calle detrás de él, es una locura perseguirlo.

Segundo 2: Busco mi celular en la cartera.

Segundo 1: Cambia el semáforo.

Mientras los camiones pasan ruidosos frente a mí le mando un mensaje de voz por inbox de Facebook: Marico me pasaste por al lado como el correcaminos… háblameeee!!!.

Camino y siento que el corazón me late un poquito más rápido de lo normal. A Mike lo conocí hace varios años en Caracas, por la música, lo conocí en casa de nuestro amigo Luis Quintero “Bostas Brain”, en la época de La Corte, una de las mejores bandas de hip hop venezolana.

Así, durante la época que vivíamos en Caracas, nos encontrábamos, compartíamos y como se dice allá tripeábamos, recuerdo que se hizo bastante famoso con una banda de la que salieron excelentes músicos: Cuarto Poder. Tuvieron un hit que era la banda sonora de una telenovela  Arenita Playita.

10406546_10152314973481243_6304885519528764515_nHace unos años cuando estuve viviendo en Bogotá nos encontramos, recuerdo que me apoyó en los eventos que estaba armando por mi cuenta, para mí él siempre ha sido un excelente DJ y un productor bestial, después ya estando yo en Buenos Aires cuando Onechot nuestro amigo sufrió un  accidente estuvimos en contacto a distancia organizando un par de cosas. Hace dos años cuando fui de vacaciones a Bogotá también nos vimos, visité pocas personas aparte de mi familia, él fue uno de ellos, él estaba pasando por un momento de re estructuración fuerte, replanteándose cosas, esas épocas donde uno está bien movido, estuvimos hablando, escuchando música, me dio un par de contactos que necesitaba para unos proyectos, nos abrazamos y nos despedimos.

Recuerdo que el 1 de enero de este año estaba en Ayacucho, una ciudad que queda a un poco más de 300 kilómetros de la capital argentina, donde nació mi mejor amiga y dupla argentina Lucía, había pasado año nuevo con ella y su familia. Estábamos acostadas pasando la resaca del año nuevo y mientras miraba mi Instagram le dije: -Que chévere mi amigo Mike está en NY presentándose con un músico que se llama Maluma-. Ahora Lucía, su hermana y todas las chicas ayauchicienses saben quién es Maluma y les encanta, para ese momento no tenían ni idea, pero si les gustaba ya JBalvin que es otro parcero de la misma camada. Me alegre por Mike, estaba produciendo, moviéndose, se veía feliz en esa gran avenida con todas esas luces a su alrededor, me sentí feliz por él.

Llegué a mi oficina, prendí la PC y me conecté a Facebook para ver si había leído-escuchado mi mensaje, nada, no había visto, me metí en su muro y acababa de publicar “Check In 9 kilómetros Puerto Madero”. Me quedé esperando todo el día.

Empecé a mirar su Instagram y me di cuenta que habían muchos puntos en los que nos estábamos cruzando, coño por qué no me contesta pensaba. Recuerdo que llegué a casa y le conté a Lucía. Algo dentro de mí se sentía triste, pensaba ¿será que ahora que es famoso, ya se olvidó de uno? me frustraba pensar que por un momento, por un segundo, podría haberlo visto antes y hacerle una seña, lograr detenerlo, no verlo simplemente pasar.

Me dio tristeza anhelar el hecho de mirarnos en esa esquina y decir noooo no puede ser, cagarnos de la risa, abrazarnos y sentir que la vida es increíble, insólita, y que es maravilloso que esas escenas sucedan. Extrañé ese abrazo que no pudo ser brindado.

A eso de las dos de la madrugada me escribió. Linda no vi esto, no te vi, dónde estabas, veámonos mañana para desayunar, nos vamos a la una. Yo tenía reunión a la mañana, era imposible. Hablamos un breve rato, y quedamos en vernos en Bogotá.

Me quedé pensando en ese momento, en la metáfora de él corriendo y yo reaccionando sin poder hacer nada más que lo que tenía al alcance, en cómo un breve instante nos puede cambiar. Si hubiera salido más tarde de la reunión, si el semáforo hubiera cambiado antes, si yo llevara zapatillas cómodas, si en la lista de reproducción que él escuchaba la canción hubiera cambiado justo cuando grité su nombre, en fin. Pensé en una escena que amo de Benjamin Button. En toda la serie de eventos que en su infinita (prefiero pensar) perfección van armando el rompecabezas de cada historia, en que lo que es es y lo que tiene que ser será.

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